lunes, 27 de agosto de 2012

The lost zoo. Parte 1

Segunda entrada, espero recibir más comentarios en esta ocasión, pero en fin... Esta historia no la siento tan cliché como la otra (fue una idea salida en una noche de insomnio); esta sería la parte 1 de 3 (quizá 4, aún no estoy seguro), crítiqu... digo comenten. :D
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Cuando desperté desee con toda mi alma volver a estar dormido, o inconsciente (incluso muerto), cualquier cosa era mejor que lo presenciaban mis ojos.

El zoológico siempre fue uno de mis lugares favoritos, ya fuera con mi familia o amigos siempre me divertía mucho, y el encontrarme en este lugar totalmente irreconocible, me parece el peor castigo que yo pueda (¿o acaso la palabra es “deba”?) merecer.

¿Qué como sabía que era este el zoológico que siempre visité? ¡Fácil!, estas rejas verdes que lo rodean son inconfundibles, curiosamente en mis más antiguos recuerdos de niño estas rejas están fuertemente presentes. Pero aún así, este sitio no es el de antes, me encuentro en un pasillo en medio de lo que era la plaza de la entrada, alrededor mío hay paredes de plástico, he intentado romperlas pero ni siquiera he logrado hacerles un rasguño, el calor aquí es intenso, pero me he acostumbrado a él, lo único que aún me molesta es el olor, una mezcla hedionda entre podredumbre y sangre.

A través de estas paredes, puedo ver que el zoológico ha sido … ¿abandonado?... no, la palabra más bien es olvidado, de haber sido abandonado se habrían llevado todo, los focos de las lámparas, las máquinas vendedoras, los quioscos de comida, los peluches de la tienda de regalo, pero alcanzo a ver que todo sigue ahí, obviamente deteriorado.

No me he atrevido a moverme de este lugar, intento recordar como llegue aquí, quien me trajo, ni siquiera se lo que hice la noche anterior, pero llevó aquí más de 6 horas (afortunadamente llevo mi reloj) y lo que me impide seguir es ese olor que perdura en el aire, desde mi posición, he visto que estas paredes forman un gran pasillo, tengo que reconocer que es un pasillo amplio, de 4 metros de largo por 6 de alto quizás, y eso me ayudo a no padecer de claustrofobia, en fin, creo que este pasillo forma un recorrido a lo largo del zoológico, una parte de mi está seguro que la respuesta a todo esto se encuentra al final del recorrido, pero una pequeña voz en mi cabeza me grita aterrada que no me atreva a caminar, que es mejor quedarme donde este y esperar la muerte de manera tranquila, pero debo seguir, a pesar de que se casi con certeza de donde proviene ese olor, debo seguir.

Tras unos momentos de duda, doy los primeros pasos y me pierdo en el recorrido pre establecido de este corredor, derecha, izquierda, de frente, izquierda otra vez, derecha… el camino no tienen ningún patrón, pero el olor se intensifica. Después de un rato llegó a ver un letrero por la parte de afuera que dice: “Zona de la selva y bosques”, los recuerdos vienen a mi de una forma increíble y abrumadora, los tigres, los gorilas, los osos, los cocodrilos, las serpientes, tantos animales que yo vi aquí exhibidos, sabiendome a salvo por los cristales de sus jaulas o por una reja seguida de un vacío de 4 metros para los animales que habían sido colocados en réplicas de sus hábitats y se encontraban “más libres” paseando en ellas. Seguí avanzando y vi que esa protección ya no estaba, no rejas, no bardas, vidrios, el vacío de 4 metros tapado con tablas a manera de puente, para que yo pudiera entrar a las hábitats de esas criaturas de mi memoria... ¿o es para que los animales puedan salir?

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